Ramificaciones de un árbol caduco
27.8.12No lograba ver nada debido a la oscuridad y no sabía donde me encontraba.
Supuse que estaba recostada en el suelo a pesar de que no sentia ninguna presión o sensación de frío.
Moví mis brazos en busca de algo a lo que sujetarme y así poder levantarme, sin embargo no encontré nada lo suficientemente cerca y cuando logré pararme, luego de que el mareo se disipara, al recorrer lo que suponía era una habitación, me encontré con que no solo no habia ningún objeto allí, sino que ese sitio debía de ser enorme ya que no logré localizar ni una sola pared.
Es de conocimiento público el hecho de que al cerrar los ojos nuestra percepción del mundo cambia completamente obligándonos a utilizar los otro cuatro sentidos menos desarrollados.
En mis clases de teatro y expresión corporal había aprendido a confiar en mi instinto, a no temer moverme en un espacio desconocido pero a pesar de mi experiencia lograda a través de múltiples ejercicios, no estaba logrando ningún avance en mi recorrido de reconocimiento.
Comenzaba a asustarme. ¿Qué me había pasado? ¿Cómo había llegado a este lugar? ¿Qué es exactamente este sitio? No fue hasta que algo tibio cayó en mi mano que me di cuenta que estaba llorando. Quería salír de allí a como diera lugar. Apreté los ojos aún cerrados y me agaché lentamente para terminar hecha un ovillo en el suelo, Intenté calmarme y practicar algunos ejercicios de respiración; no podía permitirme tener un ataque de asma en ese momento.
Levante las manos que tenia apretadas contra mi pecho para poder secarme el rostro pero a mitad de camino toqué alfgo frío. Me congelé en el instante. Ya me estaba acostumbrandoo a la idea de que me encontaraba completamente sola y no me hacía gracia el toparme con cosas que salían de la nada. -Cálmate. Estás exagerando- me dije a mi misma en voz alta para disipar mis nervios. Estiré la mano lentamente y rocé con la punta de los dedos intentando averiguar qué era aquello. No me llevó más de un par de segundos. Un especie de cuerda larga, pesada, hecha de anillos. Una cadena.
Mi cuerpo comenzó a moverse por sí solo, siguiendo en cuclillas el camino de la misma, mientras que por mi mente pasaban un millar de ideas diferentes de lo que podría encontrarme al final. ¿Un animal peligroso? ¿Un cuerpo en desomposición? ¿La otra punta de la cadena? Había visto demasiadas películas. Luego de lo que me parecieron horas encontré el otro extremo unido a lo que parecía ser una argolla de metal, y ésta a su vez, a una especie de tabla de lo que parecia ser madera con forma de un cuadrado no más grande que una baldosa.
Me preparé para utilizar toda mis fuerzas, o lo que quedaban de ellas. Sostuve la argolla con ambas manos y tiré.
El trozo de madera no era otra cosa más que una pequeña puerta en el suelo. La luz que por ella entró dañaba mis ojos y cuando logré acostumbrarme al cambio, lo que vi me dejó petrificada...
Continuará...















