Para mi niña mariposa

27.8.12




Era primavera.
El aire olía a pino y libertad.
La brisa susurraba sobre su piel morena logrando que se erizara.
Los rayos del sol la obligaban a entracerrar los ojos mientras observaba las nubes pasar contínuamente, sin detenerse jamás. El pasto sobre el que estaba recostada le hacía cosquillas, y una mariposa revoloteó tan cerca que pudo ver los pequeños pelitos de sus patitas.
Abrió los brazos absorbiendo el calor cual planta y suspiró tan profundo que tuvo miedo de no volver a respirar.

Quería reír y llorar.  Quería gritar.

Y eso hizo. Gritó fuerte una y otra vez. Se puso de pie. Saltó, alto. Y giró, rápido Volvió a caer sobre el suelo mullido. Y lloró. Y rió. Porque era feliz.
 
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