Lo básico.

27.8.12





El viejo se encontraba sentado en la escalera del pórtico.
De vez en cuando se refugiaba en los astillados escalones contempaldo el ir y venir de las olas preguntándose, si como todas las cosas en la vida, el mar se cansaría de jugar con la arena y un día simplemente se retiraría.

Unos suaves pasos lo alertaron de que tenía compañia. El niño, que normalmente era muy curioso e inquieto, se sentó abatido y exhaló fuertemente haciendo sonreir a su abuelo.

-Oh, ese fue un gran suspiro- bromeó el hombre.
-Ajá.
-¿Quieres hablar de ello?- preguntó cariñosamente.
-Es sólo esta niña de la escuela- bufó el chiquillo.
-Ah, el amor joven- exclamó el anciano.
-¿Que sabes tú del amor, abuelo?
-No mucho, niño. Sólo lo básico.
-¿Lo básico? Explícame. ¿Qué es el amor?
-No es qué es, sino cómo es.

El niño miró a su abuelo como si éste tuviera cinco cabezas.

-El amor es como...el circo- siguió el viejo.
-¿Que tiene que ver el circo?- preguntó el joven muchacho
-El circo es un mundo aparte, lleno de magia y fantasía; donde todo está permitido. Cuando un circo llega a la ciudad se arma un gran revuelo, todos están expectantes de qué actos se presentarán esta vez y forman filas emocionados.
Comienzan las presentaciones, la gente ríe y grita. Payasos y mimos hacen sus mejores performances.
Estás aturdido, todo es tan encantador. No quieres dejar de disfrutar lo que estas viendo, Cada malabarista, bailarín, mago han sido fabulosos Y  sin embargo sigues esperando por aquel que los superará a todos.
Haz sacado muchas fotos aunque quieres guardar espacio para el acto que más te guste. Pero no sabes cual será. ¿Y si lo mejor ya pasó y te lo perdite por haber ansiado más? ¿Y si terminas por gastar el rollo, y resulta que lo mejor estaba al final?- prewguntó a nadie en especial

-Pues llevas otro rollo vacío y listo- repuso el niño inocentemente

El hombre entrado en años sse carcajeóy negó con la cabeza.
-Lo entenderás cuando sea el momento.
-Odio cuando los adultos dicen eso.
-Más lo odiarás cuando lo entiendas.

El niño regresó a la casa convencido de que a su abuelo los años se le estaban vieniendo encima.

El anciano siguió sonriendo y contemplando el beso del sol sobre el océano, pensando que tal vez, al final, el mar necesitaba a la arena por lo que nunca sería capaz de dejarla completamente.
 
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